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Platero y yo de Juan Ramón Jiménez - Un ejercicio de mindfulness

Tras el durísimo año pasado en nuestras vidas, tomé la decisión de leer aquellos libros que siempre había pensado que me leería algún día. Uno de los libros en mi lista era: “Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez.


Juan Ramón Jiménez

Nace en Moguer, Huelva, en el año 1881. Y escribió este libro, Platero y yo, en Moguer también, en el año 1914. Un libro por y para su pueblo natal, Moguer. Sin duda, me quedo con las ganas de ir a visitar este rincón del mundo.

Me encantó una analogía entre su vida y la mía. Falleció su padre, súbitamente, y este hecho despertó en la personalidad de Juan Ramón una fragilidad extrema. Todo ello sumado a su temperamento melancólico… se desarrolló en él una tendencia a la soledad.

Un detalle curioso e interesante es que Juan Ramón Jiménez recibió un premio Nobel en 1956. Estaba en el exilio. Un exilio que se transformó en un largo peregrinar de aquí para allá en su vida. Sin lugar a dudas, ese exilio obligado dejó una gran huella en Juan Ramón.

Siempre recibió el apoyo incondicional de su mujer Zenobia Campubrí. Incluso en el exilio. La importancia de Zenobia en la vida de Juan Ramón es enorme. De hecho, cuando fallece Zenobia, Juan Ramón se sumerge en un período de pena y tristeza profunda. Me encanta leer estos acontecimientos en las biografías de los autores: dejan claro que en realidad son personas que se apoyan en los demás, y no son líderes solitarios que se asemejan a alienígenas iluminados provenientes de otro planeta.


Modernismo

Siempre me ha costado mucho leer obras procedentes de la corriente modernista: Textos exóticos, muy simbólicos, muy engalanados, muchos adjetivos (y de los rebuscados), descripciones extensas, idealizaciones… No es fácil de digerir una obra así para mi estómago literario.

Platero y yo se encuadra dentro de la etapa sensible de la obra de Juan Ramón. Hablamos de una literatura muy sentimental, llena de metáforas, emociones… Son textos que en los que el autor se lanza a la búsqueda de la perfección en la expresión de sus sentimientos. De rizar el rizo, vaya. Y esto se hace pesado para muchos lectores, y más en un mundo en el que estamos muy acostumbrados a lo inmediato, a que las cosas vayan rápido, a la acción-reacción…


Platero y yo

Narración lírica. También hay una versión disponible para niñ@s. En este libro se ensalza la “infancia”. Y mi consejo es que cada capítulo te sirva para ejercitar tu capacidad “mindfulness”. Es un libro para disfrutar como una onza de chocolate puro que la vas dejando que se vaya deshaciendo en la boca mientras la vas pasando de un lado a otro con la lengua.

Platero, el borriquillo que acompaña al protagonista en cada capítulo, toma forma, significado, y se va transformando en “uno más” dentro de nuestro mundo imaginario.  


Naturaleza

Me encantan las descripciones de la naturaleza que aparecen en este libro. Palabras pausadas, detalladas, completas, como en Tormenta:

“Miedo. Aliento contenido. Sudor frío. El terrible cielo bajo ahoga el amanecer (No hay por donde escapar). Silencio. El amor se para. Tiembla la culpa. El remordimiento cierra los ojos. Más silencio…”

La naturaleza forma parte del ser humano. Sirve como reflejo de los sentimientos, las emociones… la naturaleza ofrece una explicación para el sentimiento humano pero también se comporta en sí misma de un modo humano:

“El trueno, sordo, retumbante, interminable, como un bostezo que no acaba del todo…”

La naturaleza ocupa un papel central y dominante. Con Platero y yo aprendemos a poner el foco y la atención en aquellos elementos que pasan desapercibidos en una existencia que va a una velocidad tan sumamente deslumbrante como en nuestros días.


La gastronomía

Uno de los aspectos que más me han llamado la atención de este libro, es la ancha relación con los sentidos. La capacidad de hacer sentir que se encuentra concentrada en la historia de Platero y yo:

“A mediodía, cuando el sol quema más, el pueblo entero empieza a humear y a oler a pino y a pan calentito. A todo el pueblo se le abre la boca… El pan entra en todo: en el aceite, en el gazpacho, en el queso y la uva… También solo, como la esperanza, o con una ilusión…”

Es sorprendente la capacidad de insuflar vida propia en elementos cotidianos. Este libro nos obliga a hacer una pausa. A observar un bodegón con un significado misterioso. A ver la realidad con unas gafas muy diferentes a las que nos ponen delante otros muchos medios en este mundo actual.


La fábula

Me ha encantado este capítulo: el número CXXV. Es muy declarador sobre la personalidad de Juan Ramón:

“Desde niño, Platero, tuve un horror instintivo al apólogo, como a la iglesia, a la Guardia Civil, a los toreros y al acordeón”.

Juan Ramón huye del camino establecido, y eso nos lo deja bien claro con palabras como “… pero siempre dejaba sin leer la moraleja, ese rabo seco, esa ceniza, esa pluma caída del final”.

Un libro siempre lleva la impronta de su autor. Y en este caso nos encontramos, muchas veces, detrás de los recovecos de las palabras, a Juan Ramón.


Muchos aspectos

Da mucho que hablar Platero y yo. Pero aquí os dejo un resumen breve para que os animéis a abrir la portada que da la bienvenida a este mundo imaginario. Quedan muchos aspectos que no he tratado: la tradición, el respeto a los animales, el paso de la vida…

“La estación convida a mirarnos el alma, Platero. Ahora tendremos otro amigo, el libro nuevo, escogido y noble. Y el campo se nos mostrará abierto ante el libro abierto, propicio en su desnudez al infinito y sostenido al pensamiento solitario”

Espero que la lectura, sea cual sea el libro, os llene de sensaciones y que os dejéis llevar por la imaginación como niñ@s que seguimos siendo.

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